Evidencias suficientes de un fenómeno paranormal

El proceso de recogida de datos, muestras y pruebas de supuestos fenómenos paranormales debe ser muy exhaustivo, cuidadoso y protocolizado para que pueda ser considerado fidedigno. La máxima “Una vez es casualidad, dos veces es coincidencia, pero tres veces es un patrón que requiere atención” ilustra convenientemente la actitud que debe tener a priori el equipo de investigación.

Así, por ejemplo, llegado el momento de filmar con videocámaras, ya sean éstas de visión nocturna o de infrarrojos, los investigadores paranormales saben que es muy útil disponer varias cámaras para grabar la misma zona desde diferentes puntos de vista, de forma que se pueda captar el fenómeno o alteración percibidos desde al menos tres ángulos diferentes. Esto le brinda un enorme respaldo documental a la muestra y la hace muy difícil de refutar.

La repetición del fenómeno y el descarte minucioso de cualquier explicación racional del mismo es otro objetivo primordial que debe tener el equipo de investigación. Si se han descartado todas las explicaciones racionales a un deterparanormal phenomenonminado fenómeno y este sigue ocurriendo una y otra vez, además de haber sido ampliamente documentado, es más difícil que los escépticos puedan negarlo u ocultarlo.

Además, ayuda mucho conocer la historia del lugar. Si es una casa, primero debemos descartar posibles fuentes racionales de perturbaciones (como viento, problemas en los drenajes, animales en el sótano o el ático, ramas de árboles golpeando contra las paredes, plagas de roedores o insectos, etc). Seguidamente, será interesante realizar una investigación sobre la propiedad, para saber si en ella han muerto personas de forma cruel o violenta.

Recientemente se han realizado experimentos que apuntan a la posibilidad de que los seres humanos, en efecto, tengamos cierto sexto sentido que no puede ser fácilmente explicado aplicando el método científico positivista. Así, por ejemplo, investigadores de la Universidad de Freiberg, en Alemania, demostraron repetidamente que la actividad eléctrica en el cuerpo y el cerebro de los seres humanos se estimula cuando la persona en cuestión está siendo observada a distancia, aunque sea por circuito cerrado de televisión. De forma que el cuerpo parece responder a este estímulo.